Entrevista con Akong Tulku Rimpoché
(De Dharma Nº 1)
El segundo Akong Tulku Rimpoché nació en Darak, en la región de Riwoche
(Tíbet), en el año 1940. La invasión china y la destrucción de su templo
le llevó, como a muchos otros tibetanos, al exilio, en una huida a través
de los Himalayas que ha sido bien descrita en el libro de Chogyam Trungpa
que es ya un clásico: "Nacido en Tíbet". Una vez en India, se estableció
en la ciudad de Dalhouise y estuvo cuatro años. Hasta que se presentó
la oportunidad de venir a Europa.
En 1963 llegó a Inglaterra, junto a Trungpa Rimpoché, sin más capital
que la fuerza de su trabajo. Tres años más tarde pudieron adquirir,
con la ayuda de un grupo de personas interesadas en el budismo, una
casita de campo que fue el núcleo inicial de lo que hoy es un auténtico
centro monástico, el primero y más grande de Europa: Kagyu Samye Ling.
En enero del 77 viene por primera vez a España, invitado por quien hoy
es Lama Tsondru, y un año después establece el primer centro de budismo
tibetano de la península. Casi treinta años más tarde, tras haber extendido
su misión por medio mundo (desde Escocia hasta Sudáfrica, y desde España
hasta la India o Nepal), Rimpoché, como le llaman sus discípulos, nos
recibe en su Labrang del Perelló (Tarragona), el terreno que ha elegido
para retirarse en el futuro y preservar su linaje.
Llegamos a media mañana de un sábado primaveral. Sopla el viento, como
casi siempre en esta región, y la vista puede regalarse un amplio paisaje
enseñoreado de almendros y olivares. Al fondo, las montañas que cierran
el valle enseñan sus dientes primordiales. Hay dos o tres personas en
la casa y mucha otra gente dispersa por la finca, trabajando en los
almendros. Preguntamos por Rimpoché pero nos dicen que ha ido al pueblo
a resolver unos asuntos. Cuando llega es la hora de comer, de modo que
nos integramos en el grupo campesino y tomamos unas sabrosas lentejas.
Al acabar, nos dicen que Rimpoché nos recibirá enseguida. Le retiran
la bandeja de la pequeña mesa en la que ha comido solo y nos hace ademán
de que nos acerquemos.
El porche de la casa está lleno de otras pequeñas mesas donde la gente
toma té o café y charla, en un ambiente de terraza de verano.
Parece ser, Rimpoché, que usted fue uno de los primeros maestros
budistas que vino a España, tal vez el primer lama tibetano.
Tal vez, aunque no estoy realmente seguro.
¿Qué cambios ha notado en estos años?
Ha habido una gran evolución desde aquella época. Hoy en día el budismo
es algo que está ampliamente aceptado, no solo en España sino en todos
los países occidentales. Ahora ya nadie piensa que se trate de un asunto
de magia o cosas misteriosas, sino de las enseñanzas puras transmitidas
desde los tiempos de Buda. Desde aquella primera visita, sus vínculos
con este país se han fortalecido mucho. España se ha convertido en un
país especial en su labor como maestro budista. Yo no diría que mi presencia
en España haya tenido un gran impacto. El budismo tibetano en general
ha trascendido. Yo, personalmente, he hecho buenos amigos. Al principio,
cuando vine, era un desconocido en un país extraño; en cambio ahora
tengo muchos amigos, llevamos más de veinte años juntos y hemos desarrollado
una gran confianza mutua.
Sin duda su modestia le obliga a minimizar la importancia de su labor.
Quienes están habitualmente a su lado aseguran que allá por donde pasa
ejerce una profunda influencia sutil. Aunque basta remitirse a los datos
objetivos del número de discípulos y su antiguedad para poder afirmar
que se trata de una de las figuras más influyentes del budismo hoy en
España. Pese a su intensa labor entre nosotros viaja todos los años
a Tíbet.
¿Qué vínculos mantiene con su tierra?
Desde que en el año 83 se permitió a los tibetanos en el exilio regresar
a Tíbet, he vuelto allí cada año. A partir del 89 empecé a desarrollar
proyectos de ayuda, como la construcción de escuelas y hospitales; y
además me ocupé de reconstruir mi propio monasterio. Ahora esto se está
llevando a término y tengo la intención de compartir la inauguración
del templo y el inicio de las actividades monásticas con todos los amigos
occidentales que han hecho que esto fuera posible. Creo que todo estará
a punto para el 2008. Durante décadas, el tema de la invasión china
de Tíbet ha sido una causa singular para occidentales románticos. Ahora
se dice que el Dalai Lama ha cambiado de política y que está pactando
una autonomía con China.
Usted, que conoce la situación de primera mano, ¿puede explicarnos cómo
están las cosas?
Actualmente el Dalai Lama ha hecho una propuesta al gobierno chino para
poder tener una autonomía aceptable. Esta propuesta ya no pasa por conseguir
la independencia para Tíbet, y se concentra en una serie de puntos fundamentales,
como son: libertad para elegir a los propios gobernantes, aunque siempre
bajo el tutelaje del gobierno chino; libertad de información y de expresión;
libertad para el comercio y los negocios; y libertad religiosa. Pero
en qué medida estos puntos estén en vías de conseguirse o no, esto ya
no lo sé, porque yo no soy un político; mi trabajo en el Tíbet consiste
exclusivamente en intentar ayudar al pueblo tibetano. Rimpoché calla
unos instantes, como si estuviera evaluando si explayarse más, y finalmente
decide hacerlo. Hoy día la India se ha convertido en la oficina del
mundo: las empresas de muchos grandes países, como Estados Unidos por
ejemplo, tienen allí sus centrales de contabilidad. La India se ha especializado
en este sentido y tiene gente muy cualificada para este tipo de trabajos.
A las familias indias les gusta mucho que sus hijos tengan una buena
educación, y hay mucha gente con un nivel de estudios elevado. Y China,
por otra parte, se ha convertido en la fábrica del mundo: una gran diversidad
de productos salen de sus talleres hacia el resto de los países. En
España mismo se están perdiendo todos los días muchos puestos de trabajo
a causa de ello. Por tanto, estos dos países se están volviendo muy
poderosos, y los demás no quieren estar enemistados con ellos. De manera
que aunque algunos países sientan gran simpatía hacia la causa tibetana,
al mismo tiempo no se atreven a ir en contra de esos dos gigantes. El
Tíbet ahora ya no está en condiciones de pedir la independencia y encontrar
apoyos.
Cambiando de asunto, no es usted muy pródigo como escritor, de modo
que es una gran novedad que acabe de publicar un libro, Restoring the
Balance (Recuperar la armonía: próxima publicación en castellano, ediciones
i), el segundo en cuarenta años. Cuéntenos de qué trata.
Yo no tengo ninguna enseñanza especial, simplemente la gente viene a
verme y me piden consejo; yo se lo doy y, si les puede ser útil, pues
estupendo. Su primer libro, Taming the Tiger (El arte de domar el tigre),
es una especie de terapia para occidentales elaborada a partir de las
prácticas budistas.
¿Éste de ahora no está relacionado con él? No.
Éste no es así. Taming the Tiger, en efecto, es un libro de terapia;
pero éste no tiene nada que ver, es sólo un compendio de diversas enseñanzas
o consejos dados al público en general. Sin embargo, estoy preparando
otro libro que sí estará relacionado con la terapia. A lo mejor es de
eso de lo que has oído hablar. Pero aún le falta un año para estar listo.
Usted y Chögyam Trungpa forman una pareja mítica por el carisma
de ambos y la trascendencia de su labor en Occidente. ¿Qué hace ahora,
dónde está, hay entre ustedes una continuidad de la vieja amistad?
Trungpa Rimpoché ha estado durante muchas generaciones relacionado con
mi monasterio. De hecho no hay un linaje de Akong Tulku muy lejano,
porque yo sólo soy el segundo Akong Tulku, pero mi monasterio sí que
existe desde hace mucho tiempo y Trungpa Rimpoché siempre estuvo a cargo
de él o relacionado con él de manera muy cercana. De modo que cuando
Trungpa Rimpoché murió en Estados Unidos, me hice cargo de que su monasterio
de Tíbet siguiera adelante, y también de buscar la reencarnación del
siguiente Trungpa Rimpoché. No hice la búsqueda en persona -el reconocimiento
de la reencarnación de Trungpa y las indicaciones sobre su localización
fueron hechas por Situ Rimpoché-, pero me preocupé de formar el equipo
y de que trabajaran en las zonas apropiadas, siempre siguiendo las instrucciones
de Tai Situpa. La búsqueda tuvo éxito y desde entonces procuro ayudar
al mantenimiento del monasterio de Trungpa Rimpoché y a él mismo, ya
que ambos se encuentran en una situación muy precaria. Procuro verlo
una vez al año, cada vez que voy por Tíbet, y le ayudo todo lo que puedo
a nivel material. Actualmente está progresando en sus estudios y recibiendo
iniciaciones.
Acaba de celebrarse el veinticinco aniversario de la fundación de
Rokpa, una ONG que nació en Suiza y que ha acabado por ser la estructura
general bajo cuyo abrigo se ha organizado toda su actividad en Occidente.
¿Cómo surgió la idea?, ¿fue una estrategia legal para desenvolverse
con más facilidad en nuestro entorno o había algún propósito de más
alcance en ello?
Hace veinticinco años, en el año 80, hice un peregrinaje a la India
con un grupo de personas, y entre otros lugares fui a Rumtek, el monasterio
del XVI Karmapa. Cuando estábamos allí, S. S. Karmapa le pidió a Lea
Wyler, que era una de las personas que me acompañaba, que procurara
ayudar a los tibetanos en el exilio, especialmente a los niños y a las
personas mayores. Entonces Lea me lo contó y me dijo que, si yo la ayudaba,
ella se comprometía a dedicarse por entero a ello. Pensamos varios nombres
para ponerle a esta organización. Fuimos a ver a Gyaltsab Rimpoché y
a él se le ocurrió una frase en tibetano que significa: "Que podamos
ayudar a que todos los seres tengan lo que necesitan". De las siglas
de esta frase salió ROKPA, que solemos traducir de forma abreviada como
"Ayuda". Al principio ayudábamos solo a tibetanos en el exilio, pero,
cuando en el año 83 se me permitió volver a entrar en Tíbet, nos fue
posible ampliar los proyectos de ayuda dentro de Tíbet. Actualmente
la acción de Rokpa se ha extendido incluso a países tan lejanos como
Sudáfrica y Zimbabwe. Yo no diría que los proyectos humanitarios son
la esencia del budismo, pero sí que la ayuda humanitaria nos viene muy
de camino a quienes llevamos una vida de práctica budista. En cierta
ocasión le preguntaron a usted por la proliferación de centros de práctica
budistas de diversas escuelas, y por cómo orientarse en un panorama
cada vez más complejo.
Usted respondió que ojalá acabara habiendo tantos centros de meditación
como bares: uno en cada esquina. Fue una bella anécdota. Estamos lejos,
no obstante, de esta situación. ¿Por qué tanta gente inteligente, sensible,
compasiva incluso, se resiste a reconocer su dimensión espiritual y
a llevar una práctica?
Creo que todo el mundo entiende que ser compasivo es bueno, sin embargo
hay muchos métodos distintos para desarrollar la compasión, y cada persona
tiene los suyos. Del mismo modo, un coche sirve para lo que sirve, sin
embargo hay muchas marcas y modelos. Si uno lleva mucho equipaje, necesitará
tal vez un camión; si uno viaja con pocas cosas pero es de gustos exigentes,
tal vez necesite un Rolls. En cuanto a las resistencias de las que me
hablas, la cuestión es más bien la dificultad que tenemos de aceptar
las cosas que ocurren en nuestra vida en general. Pero es bueno que
la gente se resista: cada uno necesita sus propios retos; no pasa nada.
Y, ya para acabar, nos gustaría que nos regalara algunas palabras de
bendición para la revista Dharma.
Pienso que el enfoque de vuestra revista, "espiritualidad, ecología
y solidaridad", es algo muy útil e importante. Hoy día, hay muchas enfermedades
y problemas de salud debido, en parte, al mal uso del medio ambiente,
por lo que una actuación para la preservación de la ecología es muy
necesaria. Por otra parte, para mejorar la salud y el bienestar general
de las personas lo más importante es hacer un buen uso de nuestra propia
mente; y el budismo no es otra cosa que esto. Por último, hay cada vez
más sufrimiento debido al egoísmo de las personas y a su incapacidad
por compartir con los demás; de modo que todo lo que sean actividades
de ayuda a los demás o compartir, sin duda será muy beneficioso. Personalmente
pienso que estas tres cosas son muy importantes y, de hecho, son la
esencia de mi propio pensamiento y de mi actividad. Por lo tanto espero
que, a través de Dharma, vuestro trabajo en estos tres aspectos sea
de beneficio para muchas personas y que tenga éxito.
Muchas gracias, Rimpoché. Deseamos e intentaremos estar con usted en
el 2008 en la reinauguración de su antiguo monasterio en Tíbet y hacer
un buen reportaje para nuestros lectores.
Nos despedimos de Rimpoché con un occidental apretón de manos y, acto
seguido, agradecemos a Lama Jinpa, monje catalán que lleva veinticinco
años junto a Rimpoché, que nos haya hecho el impagable servicio de traductor.
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