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La muerte en
la sociedad moderna
Alexandra Mejía y Aurora Valderrama
(Extracto del artículo publicado en Dharma Nº3)
El concepto de la
muerte ha propiciado diversos sistemas de creencias y prácticas mágico-religiosas
a lo largo del tiempo, en un intento de entender y manejar esta realidad
inevitable de la naturaleza. En las sociedades modernas, desde hace
cuatro o cinco décadas la forma de enfrentar la muerte ha cambiado,
y hoy se rechaza la muerte, se esconde, se vive con angustia: la muerte
ha dejado de ser aceptada como un fenómeno natural. Se ha perdido el
derecho a ser protagonista de su propia muerte.
Hace años el individuo moría en su casa, rodeado de su familia, incluidos
los niños, amigos y vecinos. Los niños tenían contacto con la muerte,
conocían su existencia y, cuando ya adultos les llegaba su momento,
no les cogía tan de sorpresa y desprovistos de recursos para afrontarla,
como sucede hoy. Prepararse para morir constituía un acto fundamental
en la vida de una persona de aquellos tiempos; su dignidad dependía
de la grandeza con que llevara a cabo ese último acto de despedida.
Actualmente hemos pasado de una muerte familiar a una muerte escondida,
ocultada. Al enfermo casi siempre se le oculta la gravedad de su enfermedad,
se le sobreprotege, "otros" toman las riendas de su destino y se deja
al enfermo en la ignorancia de que va a morir, cerrando la puerta a
una comunicación abierta y a la espontaneidad de la despedida en sus
últimos momentos.
El hombre moderno desea que la muerte ocurra en plena inconsciencia
(que sea fácil). Lo que en la actualidad se denomina buena muerte, corresponde
a la muerte maldita de otros tiempos, la muerte inesperada. Pero cuando
se pregunta a un enfermo al final de la vida cuál sería una buena muerte
para él, la mayoría responde que una "buena muerte" es una muerte sin
dolor, en su domicilio, acompañado de sus seres queridos. Debemos tener
en cuenta que cada persona es única, con una historia y aprendizaje
diferentes, cada persona tiene derecho a elegir "su muerte",
y respetar esto es respetar la dignidad y libertad del ser humano. Aun
así, en este ambiente de negación y rechazo, está surgiendo una creciente
concienciación sobre el tema y cada vez es mayor el número de personas
que advierte que tenemos un enfoque equivocado de la muerte, que no
necesariamente tiene que estar ahogada por la angustia y que se puede
morir en paz de acuerdo a las creencias de cada uno.
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