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Sangharakshita
El punto de partida
del budismo, la tradición derivada de la vida y la enseñanza
de Gautama el Buda, es la mente. Para ilustrar esto podemos aportar
unas citas de las dos escuelas que algunos consideran antitéticas
dentro del budismo, la theravada y el zen:
Los estados mentales torpes están precedidos por la mente,
dirigidos por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla
o actúa con una mente impura, el sufrimiento le persigue
Los estados mentales hábiles son precedidos por la mente, dirigidos
por la mente y constituidos por la mente. Cuando alguien habla o actúa
con una mente pura, la felicidad le sigue como su propia sombra.
El texto zen, perteneciente a un maestro chino de la dinastía
Tang (618-906 de nuestra era) dice:
(Nuestra transmisión es) una transmisión especial
más allá de las escrituras, que no depende de palabras
o letras, que señala directamente hacia la mente, y ve dentro
de la naturaleza de uno mismo comprendiendo la budeidad.
Con estas dos representativas citas se hace evidente que el punto de
partida del budismo no es nada que esté fuera de nosotros mismos.
En el lenguaje del pensamiento occidental, diríamos que no es
algo objetivo, sino subjetivo. Repito: el punto de partida es la mente.
Para empezar, la mente tiene dos aspectos. Por un lado está la
mente absoluta; y por otro, la mente relativa. Con el término
mente absoluta nos referimos a lo que solemos llamar el
despertar a la realidad o iluminación, el principal objetivo
del budismo. La mente absoluta es, pues, la consecución de esa
conciencia trascendental bajo cuyo flujo se disuelve la dualidad mental.
El término mente relativa hace referencia a la conciencia
individual, a la mente que funciona dentro de la polaridad sujeto-objeto.
Esta mente o conciencia relativa funciona también de una manera
doble: reactiva y creativa. Aunque estas no son expresiones budistas
tradicionales, parecen expresar muy bien el significado de la enseñanza
del Buda. La diferenciación que representan es de importancia
fundamental no sólo en el sistema del budismo sino
en la vida espiritual en general, y hasta en el esquema total de la
evolución humana. La transición de reactiva
a creativa marca el principio de la vida espiritual. Es
la conversión en el verdadero sentido de la palabra.
Ahora bien: no debemos imaginar que existen literalmente dos mentes
relativas, una reactiva y la otra creativa. Mejor debemos entender que
existen dos maneras en que la mente relativa, o la conciencia individual,
es capaz de funcionar: de forma reactiva y creativamente. Pero sólo
existe una mente relativa.
La mente reactiva representa nuestra mente ordinaria, cotidiana, la
mente que la mayoría de personas utiliza más a menudo.
O mejor dicho, es la mente que los usa a ellos. En casos extremos, la
mente reactiva funciona todo el tiempo, postergando a la mente creativa.
Las personas de este tipo nacen, viven y mueren siendo animales; aunque
poseen forma humana no son seres humanos. Pasemos de definiciones abstractas
hacia su naturaleza examinando algunas de sus verdaderas características.
En primer lugar, la mente reactiva es una mente que re-acciona. No actúa.
En lugar de actuar espontáneamente, desde su propia plenitud
y abundancia, requiere un estímulo externo para ponerse en acción.
Este estímulo suele llegar desde los cinco sentidos. Paseando
por la calle vemos un anuncio. Sus colores chillones y letras llamativas
nos atrapan. Cuando hacemos lo que ese anuncio nos demanda, cuando nos
quedamos con una disposición inconsciente de hacer lo que nos
dice, no estamos actuando, sino que hemos sido activados. Hemos re-accionado.
La mente reactiva es, entonces, la mente condicionada. Está condicionada
por el objeto (por ejemplo, el anuncio) en el sentido de ser no simplemente
dependiente de él, sino determinada por él. La mente reactiva
no es libre. Es puramente mecánica.
De esta manera, nuestras ideas casi nunca son nuestras. Muchas veces
nos han entrado a través de fuentes externas, de libros, periódicos
y conversaciones, y las hemos aceptado, o las hemos recibido, de manera
pasiva y sin reflexión. El pensamiento verdaderamente original
es extremadamente raro. Aunque original no quiere decir
necesariamente diferente, sino lo que uno crea desde sus
propios recursos internos, coincida esto o no con algo creado previamente
por otras personas. Es cierto que algunos intentan ser diferentes. Esto
también puede ser una forma sutil del condicionamiento, porque
al intentar ser diferentes esas personas siguen siendo determinadas
por un objeto, en este caso del que (o de lo que) están intentando
ser distintos. Siguen re-accionando, en lugar de actuar.
Además de ser condicionada y mecánica, la mente reactiva
es repetitiva. Reacciona ante los mismos estímulos de la misma
manera, y como una máquina sigue repitiendo la misma operación
sin parar. A esta característica de la mente reactiva se debe
el hecho de que la vida humana se convierta en un hábito
fijo o asentado, en un mundo de rutina. Cuando nos hacemos mayores,
especialmente, desarrollamos una resistencia pasiva al cambio, y preferimos
profundizar los antiguos surcos en lugar de buscar una nueva trayectoria.
Hasta nuestra vida religiosa, si no tenemos cuidado, se puede convertir
en parte del patrón, parte de la maquinaria de la existencia.
Más que nada, quizás, la mente reactiva es la mente inconsciente.
Todo lo que hace lo hace sin tener verdadero conocimiento de lo que
está haciendo. Hablando en metáfora, la mente reactiva
está durmiendo. Los que son dominados por la mente reactiva duermen
mientras transcurre su vida; dormidos comen, beben, hablan, trabajan,
juegan, votan, hacen el amor; dormidos hasta leen libros y artículos
sobre el budismo e intentan meditar. Cuando nos damos cuenta de nuestra
inconsciencia, es entonces cuando comienza nuestra vida espiritual.
Es entonces cuando llegamos al segundo tipo de mente relativa, la mente
creativa.
Las características de la mente creativa son las opuestas a las
de la mente reactiva. La mente creativa no re-acciona. No depende de,
o se determina por, los estímulos que la asaltan. Al contrario,
es activa por sí misma, funcionando espontáneamente, desde
las profundidades de su propia naturaleza intrínseca. Hasta cuando
se activa estimulada por algo fuera de sí, rápidamente
transciende el punto de partida original y comienza a operar independientemente.
Se puede aseverar que la mente creativa responde, en lugar de reaccionar.
Por esto se puede decir también que mientras que la mente reactiva
es esencialmente pesimista, la mente creativa es profunda y radicalmente
optimista. Este optimismo no es el optimismo superficial de la calle,
no es una mera reacción ante, o racionalización de, estímulos
agradables. En virtud de su propia naturaleza tal reacción sería
imposible. Al contrario, el optimismo de la mente creativa persiste
ante estimulos desagradables, hasta ante condiciones desfavorables para
el optimismo, o hasta cuando no existe ninguna razón para el
optimismo. La mente creativa ama cuando no hay motivo para amar, está
feliz cuando no hay razón para estar feliz, crea cuando no hay
posibilidad de crear, y de esta manera construye el paraíso
en la desesperación del infierno.
Por eso, podríamos decir que la creatividad consiste en construir
algo nuevo, crear algo nuevo. Pero no es eso sólo, porque todo
lo que es nuevo no es necesariamente creativo, aunque lo que es creativo
es nuevo
digamos que la creatividad no sólo consiste en
crear algo nuevo, o algo original. Obviamente la gente hoy día
enfatiza mucho ser original, pero no se puede ser original simplemente
pensando. Ese tipo de originalidad es falso, es una originalidad artificial.
No es real. Sólo se puede ser original, sólo puedes producir
algo original si eres original. Eso no quiere decir ser excéntrico,
quiere decir de alguna manera ser tú mismo, quiere decir conocerte
a ti mismo, saber quién y qué eres; tener o desarrollar
perspicacia, visión, tener imaginación. Si puedes ser
tú mismo de esa manera, serás creativo en el sentido de
producir algo original, algo que comparte la naturaleza de la creatividad.
Pero más allá de los aspectos abstractos de la creatividad,
quiero destacar los diferentes campos de la creatividad, sus manifestaciones,
o los diversos modos en que podemos ser creativos y manifestarlo.
Primero, claro, tenemos lo más obvio, en las artes, la música,
la poesía, la literatura en general, el cine y las artes visuales
y plásticas, la pintura, la escultura
estas son, en sus
mejores momentos, manifestaciones de creatividad. Son originales en
el sentido de que son productos, expresiones, de la visión experimentada,
genuina y original de la perspicacia de una persona.
Y luego, algo quizás menos obvio, el segundo campo de la creatividad
es la meditación. Algunos pensarán que la meditación
es pesada y difícil, pero en realidad la meditación es
creatividad. Cuando meditamos estamos siendo creativos. Y os preguntaréis:
¿qué exactamente estoy creando al meditar? Bueno, estáis
creando pensamientos de algún modo, estados mentales, eventos
mentales. Claro, estados mentales hábiles, kusala, eventos mentales
diestros. Los estáis creando directamente. Al principio quizás
existía una mezcla de muchos pensamientos alborotados que pasaban
por vuestra mente, o al menos pensamientos descontrolados, discursivos,
sin concentración; pero cuando meditáis producís
una sucesión de pensamientos, estados o eventos mentales útiles
o sanos, kusala. Y cuanto más profundizáis en la meditación,
ese flujo de eventos mentales positivos que producís se hace
más continuo. Así que la meditación es, en este
sentido, una actividad altamente creativa. Estáis creando, y
ojalá sosteniendo existencialmente, algo positivo, algo servicial
y sano, algo hábil. Con la experiencia podéis hacer esto
sin interrupción, o al menos sólo con pausas intermitentes.
Cuando digo sin interrupción quiero decir que no lo haces sólo
cuando estás sentado en tu cojín de meditación;
idealmente lo haces concentrándote en lo que estás haciendo,
que tu estado mental, tu secuencia de estados mentales, es hábil,
no disparatada. Hagas lo que hagas, estás trayendo a la existencia
estos eventos creativos. Por eso considero importante que pensemos en
la meditación no sólo de la manera que solemos hacer,
sino como una actividad creativa, una de las actividades más
creativas que podemos emprender. Esto es meditación como creatividad,
o creatividad como meditación.
También podríamos referirnos específicamente a
algunas de las prácticas de meditación mahayana y vajrayana,
en las cuales utilizamos nuestra imaginación y estamos siendo
muy creativos. Por ejemplo, cuando visualizamos la Tierra Pura, o cuando
visualizamos las figuras de Avalokitesvara o Manjughosa o Padmasambhava
o Tara, etcétera. Esta es una manera más especializada
de meditar creativamente, y esto obviamente tiene un alto valor espiritual
y emocional para los que emprenden este particular tipo de práctica
meditativa o sadhana.
Ahora entramos en la tercera área en la que la creatividad se
manifiesta: en la amistad. Quizás no siempre pensamos, o no lo
hacemos a menudo, en la amistad como algo creativo, pero cuando dos
personas se conocen por primera vez, y cuando dos personas se hacen
amigos, y especialmente cuando se convierten en amigos espirituales,
¿qué ocurre? Pues que ejercen influencia uno sobre el
otro. Producen algo entre ellos. Producen entre ellos una relación,
una experiencia, un estado mental que nosotros llamamos amistad, metta.
La palabra occidental es algo floja. Hasta la palabra metta, hasta kalayana
metta es quizás una expresión floja para describir la
clase de experiencia que se crea entre dos personas que se juntan, y
especialmente cuando la comunicación entre ellos es profunda
y honrada, sincera e intensa. Mucho puede ocurrir dentro del contexto
de la amistad, como todos sabéis. Mientras interactúas
con tu amigo con sinceridad y honestidad, las asperezas van desapareciendo,
las dificultades se desvanecen. Y, quizás lo más importante,
aprendes a hacer por tu amigo lo que igual no harías ni por ti
mismo. Y de esta manera la amistad se convierte en lo que yo he llamado
una especie de trascendencia mutua del egoísmo. Shantideva habla
mucho sobre este tipo de situación en su Bodhicaryavatara. Y,
claro, cuando hay un buen número de personas en una relación
de amistad mutua, se produce algo grandioso y precioso.
Recuerdo haber leído hace muchos años a Aristóteles
creo que fue en su Ética que la amistad es algo que
sólo es posible entre los virtuosos. Y por virtuosos no se refería
a los bonachones. Aristóteles, como los demás griegos,
no estaba interesado en este tipo de virtud. No debemos olvidar que
la virtud significa algo parecido a la excelencia, y que cuando Aristóteles
dijo que la verdadera amistad es posible sólo entre los virtuosos,
se refería a que, para ser verdaderos amigos, dos personas necesitan
tener algo, algún principio, algún ideal, en que basar
esa amistad. En el contexto del budismo, en el contexto del dharma,
kalyana mitrata se basa esencialmente en el hecho de que ambas partes
implicadas viven y trabajan en el dharma, están comprometidas
con el dharma, están dedicadas al dharma, y que esa es la base
sobre la que se funda la amistad. De esta manera los amigos, especialmente
los amigos espirituales, se están ayudando el uno al otro a profundizar
en ese dharma común que ambos comparten. De esta forma surge
lo que yo he llamado esa trascendencia mutua del yo, de la separación.
Así, la amistad se convierte en una manifestación de la
creatividad. Algo nuevo se produce en el campo de las relaciones humanas.
La amistad es algo único. Si tienes una verdadera amistad con
alguien, obtienes de esa relación algo que no obtienes de la
relación con tus padres o de la relación con tu jefe o
la relación, pongamos, con tus hijos, o la relación con
tu compañera sexual. Obtienes algo completamente distinto, algo
absolutamente nuevo, algo único, que desafortunadamente hoy día
muy poca gente en este mundo es capaz de experimentar.
Durante el transcurso de mi vida he tenido bastante suerte. Si se me
preguntara y tuviera que ser objetivo y honesto no diría que
soy del todo una persona religiosa. No una persona religiosa en el sentido
convencional. No creo haber sido nunca una persona piadosa, de hecho
no me gustaría ser descrito como una persona religiosa. Parece
tener todo tipo de connotaciones equivocadas. ¿Cómo me
describiría, reflexionando sobre mi vida? Pues creo que me describiría
como una persona creativa. Me gustaría pensar que soy alguien
cuya vida ha sido dominada por, o cuya vida ha sido una expresión
de, la creatividad, aunque sea de modo relativamente pequeño,
como cuando escribo poesía, algo con lo que disfruto mucho. Creo
que he sido creativo de esa manera, sea cual sea el valor objetivo de
esa particular creación mía.
También he tenido la suerte de entrar en contacto con muy buenos
maestros espirituales, amigos espirituales. Y he tenido la oportunidad
de practicar la meditación, he tenido experiencia meditativa
incluyendo la experiencia de esas sadhanas que he mencionado. En este
aspecto también mi vida ha sido una vida creativa, una expresión
de la creatividad.
Puedo afirmar que la vida creativa es una vida feliz. Cuando estás
siendo creativo, siempre eres feliz sin importar las dificultades. Si
estás pintando un cuadro quizás experimentes todo tipo
de dificultades técnicas, puedes verte tentado a resignarte,
lo mismo que cuando escribes un poema, pero en el fondo estás
muy feliz. La creatividad es una experiencia muy positiva. Cuando estás
creando eres muy feliz, y también puedo decir que si alguien
no está creando, no crea nada o crea de una manera muy limitada,
es muy probable que no sea una persona muy feliz.
Y en ese punto pasamos de nuevo a la mente reactiva y la meditación.
¿De qué manera se manifiesta la fuerza anti-creativa?
Cuando la meditación se convierte en un mero asunto de técnica.
Cuando piensas que si obtienes la técnica adecuada y la practicas
con regularidad, hasta con diligencia forzada, estarás seguro
de obtener los resultados deseados. Uno puede desarrollar este tipo
de actitud hacia cualquier tipo de práctica meditativa. Empiezas
a verla como un fin en sí misma, como un tipo de solución
mágica para tus problemas si logras seguir haciéndola
aunque sea repetitiva y mecánicamente, aunque haya perdido cualquier
sentido que pueda haber tenido originalmente. Es muy importante refrescar
nuestra práctica meditativa de vez en cuando. Creo que esto es
muy importante.
La meditación también puede ser prolífica. Dicen
que un buen gesto merece un segundo gesto bueno, pero un buen pensamiento,
un pensamiento hábil, produce otro. Así que cuanto más
meditas en el sentido que he descrito, más te agradará
meditar. Pero no sólo eso: la meditación es prolífica
en otro sentido, porque si meditas, si eres creativo de esa manera,
eres capaz de enseñar a otros a meditar. Y otras personas pueden
aprender a través de ti. Cuando comencé con AOBO (Amigos
de la Orden Budista Occidental) estaba enseñando la concentración
en la respiración y estaba enseñando metta bhavana. Desde
entonces, ya que no estaba meditando a solas, sino que estaba enseñando
a otros, cientos, miles de personas han aprendido a meditar, han tenido
esa experiencia. Y no sólo dentro de la AOBO: donde sea que la
meditación se enseña, existe esa creación y recreación
de un estado mental muy positivo. Recuerdo que en los años sesenta
teníamos algo llamado Meditación Transcendental. Algunos
lo habréis experimentado. Bueno, no creo que hubiese nada de
transcendental en ello, pero lo que era muy positivo es que en esos
tiempos, y también después, se popularizó la práctica
de la meditación. Y eso se lo podemos agradecer al viejo Maharishi
Mahesh Yogi.
Para acabar, como he indicado, la mente creativa es, más que
nada, la mente consciente. Siendo consciencia, o mejor dicho, siendo
la misma Consciencia, la mente creativa también está intensa
y radiantemente viva. La persona creativa, en la que se manifiesta la
mente creativa, no sólo es más consciente que la persona
reactiva, sino que posee mucha más vitalidad. Esta vitalidad
no es simplemente un alto espíritu animalístico o exuberancia
emocional, y aún menos simple energía intelectual o la
urgencia compulsiva de la voluntad egoísta. Uno podría
decir que es el mismo Espíritu de la Vida surgiendo como una
fuente de las profundidades infinitas de la existencia, y vivificando,
a través de la persona creativa, a todo y todos con los que se
pone en contacto.
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