|
Cómo dominar
el estrés
Guelong Thubten
(Extracto del
artículo que aparece en Dharma Nº3)
Hace veinte o treinta años era inusual admitir que se sufría de estrés,
la gente se avergonzaba de ello; hoy en día, por el contrario, nos sentimos
cómodos reconociéndolo, el ritmo de vida rápido que llevamos lo justifica
y, hasta cierto punto, nos da una aureola de mártires. Hemos llegado
a una situación en que incluso se contempla ya en la legislación laboral
de algunos países, como es el caso de Inglaterra, en donde las empresas
deben ofrecer cursos sobre el manejo del estrés. Viajo a menudo dando
conferencias y cursos de meditación, en general desprovistos de trasfondo
"religioso", lo que me permite visitar y conocer todo tipo de lugares
y ambientes: como prisiones, escuelas, hospitales, empresas.
La gente suele sorprenderse de que sea un monje quien les hable de estrés:
¿qué puede saber un monje de estrés? No se imaginan cuán equivocados
están. Para aprender a controlar el estrés hay una metodología bien
definida cuyo primer paso es identificarlo: saber qué es, notarlo cuando
aparece. La gama de sensaciones es amplia, pero básicamente podemos
decir que uno se siente acelerado y en un estado general de confusión.
A nivel físico, suele localizarse en los hombros en forma de rigidez,
o como una tensión extendida por todo el cuerpo. Si vamos por la calle,
por ejemplo, notamos como si los edificios de ambos lados nos aprisionaran
y fueran a caérsenos encima. Y todo ello suele estar relacionado con
la presión que ejercen los demás sobre nosotros y el temor de no poder
cumplir con lo que se nos pide.
El segundo paso es preguntarse cuál es su origen, su causa; y, aunque
parezca una obviedad, ya que esta es siempre la gran pregunta, no deja
de ser necesario, puesto que cometemos de forma reiterada siempre el
mismo error: pensar que el estrés viene de fuera. Le echamos la culpa
al trabajo, o a nuestra situación familiar, o a cualquier otra circunstancia
externa; y, en consecuencia, nos sentimos víctimas y buscamos escapar
cambiando de trabajo, de pareja o el lugar en el que estamos. Corremos
y corremos intentando huir, y realmente es imposible, porque aquello
de lo que deseamos escapar es nuestra propia sombra: el estrés lo llevamos
con nosotros. Una excelente forma para darse cuenta de esto es hacer
un retiro, ya que al sentarse en silencio y soledad se descubre que
el estrés y el enfado continúan; ergo el problema está dentro de uno
mismo.
Más info: www. samyeling.org
|